sábado, 3 de septiembre de 2011

La meditación, el espejo interior.

La meditación (dhyana) es una práctica en la cual se adquiere un estado de profunda concentración (dharana), que sitúa en el presente y da paz a quien la realiza. La mente se aquieta y el discurso intelectual se desacelera. Estamos  en silencio conectados con nosotros mismos ...nada mas...ni nada menos!. Entramos en otro estadío de conciencia, en el cual aflora nuestro Ser interior. 
Cuando ello ocurre, se amplía nuestra percepción sobre el mundo que nos rodea y podemos descifrar mejor los que nos pasa, los porqué y los para qué.
Depositar la mirada solo en aquéllo que es externo a nosotros, hace que, por momentos, la vida fuese una calle de una sola dirección: de afuera hacia adentro. Pero si nos detenemos a reflexionar que en nuestro interior existen infinidad de recursos de los que disponemos, podremos sumarle a la vida una nueva dirección: de adentro hacia afuera.  



Al meditar, abstraemos los sentidos de todo estímulo exterior (pratyahara) y así nos conectamos con nuestra esencia, surgiendo  la verdadera identidad. Navegando en las profundidades de nuestro interior, nos sentimos libres de los condicionantes del afuera. Podemos lograr un mayor autoconocimiento, para disfrutar de una vida mas armoniosa y en plenitud.

Para despertar a la vida y tener los ojos bien abiertos, es necesario cerrarlos primero.






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